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lunes, 22 de diciembre de 2008

Joaquín Payret

Lloró espermas toda la noche. La película no era más que otro llamado a la desobediencia del sexo oculto. Tan negro de piel. Tantos colores desdibujados en la oscuridad de una pantalla sin críticas de valor. Contrastes de deseos, convertidos en minutos de espasmo. Joaquín tocó las butacas del teatro Payret y eyaculó por tercera vez aquella noche.



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lunes, 12 de mayo de 2008

Cada loco con su tema. "Emigre a ratos a su patria"

En el comentario de Cada Loco con su Tema del viernes 9 de mayo, la doctora violeta comenta acerca de las exigencias mentales que trae aparejado el proceso de aculturización de cada emigrante. A continuación, reproducimos el texto íntegro.

En un mundo como el nuestro, en el que en muchas ocasiones las realidades económicas, políticas y sociales son mejores lejos de nuestros países de origen, la emigración es un fenómeno muy común. Sin embargo, no por frecuente resulta poco complejo.
Son pocas las personas que acuden a las consultas psicológicas “por ser emigrantes”, sin embargo, en países donde el porcentaje de emigrantes es muy alto, este fenómeno es causal de consultas en tanto genera síntomas asociados con depresión, ansiedad, e incluso trastornos adaptativos. O sea, que las personas acuden por el malestar asociado a vivir en un país que no es el propio. Pero, ¿cuál es ese malestar? La emigración en sí no es el problema, sino el proceso de aculturación que sufren las personas que emigran. Y, ¿qué es la aculturación? Ese proceso caracteriza los cambios en la conducta y en la psiquis de las personas, que ocurren como resultado de la interacción con individuos de otros grupos culturales. Entonces, la aculturación es el proceso que viven las personas que abandonan su cultura en particular, para insertarse en otra. Esta inserción supone un nivel de estrés que puede variar de acuerdo a múltiples aspectos. No sé qué creerá usted, pero la verdad es que siempre he pensado que es mejor vivir en un país de habla hispana que en otro en que tenga aprender un nuevo idioma, como el japonés, por ejemplo. Y si puedo seguir eligiendo, sería mejor emigrar a un sitio donde el clima no sea muy distinto al de mi país de origen: no es lo mismo vivir en Canadá que en Egipto, ¿cierto? Por otra parte, los países donde la cultura está marcada por tendencias religiosas muy fuertes, como los países islámicos, supondrían cambios mayores para alguien que haya nacido en la cultura occidental. O sea, que mientras más drástico el cambio, más fuerte es el proceso de aculturación, y supondría un estrés mayor.

Pero no nos vayamos a los extremos. Si analizamos el proceso de aculturación entre países vecinos, veríamos que es bien fuerte también; dependiendo además de las concepciones sociales que existan acerca de la nacionalidad del que emigra en el país de destino. Por ejemplo, la situación política actual entre Chile y Bolivia supondría un proceso de aculturación más complicado para un chileno que llega a La Paz, que para un costarricense que arriba al mismo sitio. Sin embargo, aunque la emigración tome lugar entre países muy cercanos y similares culturalmente, es siempre un proceso que implica estrés, añoranza, y cierta tristeza; pues involucra para el que emigra dejar atrás todo lo que le era cotidiano, desde la familia y los amigos, hasta la forma de llamarle a las micros, sin dejar de mencionar a los perros callejeros o la forma de hacer filas.

Es por eso que el comentario de hoy lleva un mensaje bien explícito. El hecho de que el mundo esté distribuido en países implica que todos somos extranjeros en el mundo entero excepto en un solo sitio: en el lugar donde nacimos. Y visto desde este punto de vista, tenemos más lugar para ser emigrantes que para no serlo. Conocer emigrantes nos prepara para ser ciudadanos de otra parte del mundo, pues toda interacción entre personas de nacionalidades distintas es un proceso de aculturación en mayor o menor medida. Por eso, la propuesta de hoy es que se someta a esos procesos, con la tranquilidad de que cuando regrese a su casa va a “tomar once” y no a “cenar” y de que va a poder ver su programa favorito en la TV, en su idioma natal.

Myrtha Gajardo, una ilustre y muy querida profesora de la Universidad Santo Tomás, decía que viajar aumenta el Coeficiente Intelectual, porque nos obliga a reestructurar nuestros esquemas y nos aporta flexibilidad al pensamiento, porque nos vemos en la necesidad –y repito- en la necesidad de re-pensar nuestras costumbres y modos de conducirnos ante la vida. Yo le propongo que si no viaja, enriquezca su CI interactuando con personas de otras culturas. A lo mejor un mojito o una caipiriña le dan un par de puntos más…

lunes, 7 de abril de 2008

¿Quién soy y a dónde voy?: Comentario de la Doctora Violeta

Comentario emitido en Décimo Planeta, en la sección Cada loco con su tema, el viernes 4 de abril de 2008.


A propósito de algunas experiencias personales, hoy les propongo reflexionar acerca de las vivencias relacionadas con el trabajo y la profesión en la vida.

Partamos por el hecho de que lo que creemos que somos conforma una entidad psicológica llamada “autoconcepto”, que cada uno de nosotros desarrolla a lo largo de la vida, y que va cambiando en la medida que vamos formando nuestra identidad. O sea, quiénes somos implica también lo que hacemos y de qué somos capaces, y también cómo nos sentimos al respecto de lo que somos. Es decir, que la manera en que nos conceptualizamos a nosotros mismos tiene influencia en nuestra autoestima, en cuánto nos queremos, o nos creemos merecedores de nuestra felicidad o desdicha.

Les voy a hacer la historia (brevemente, como diría… ¿Kramer?) de un pescador. Es una versión de la original, que escuché hace algún tiempo:

En cierta ocasión iba un ejecutivo muy exitoso paseando por una playa. Era el mediodía cuando se encontró con un pescador que felizmente recogía sus redes llenas de pescado. El ejecutivo le preguntó si no era muy temprano para dejar de trabajar. El pescador le miró de reojo y, sonriendo mientras recogía sus redes, le dijo que había pescado lo que necesitaba y que por lo tanto, ya podía regresar a su casa. Incrédulo, el ejecutivo siguió cuestionándolo y el pescador, sorprendido, le respondió:

Mire, yo me levanto por la mañana a eso de las nueve, desayuno con mi mujer y mis hijos, luego les acompaño al colegio, y a eso de las diez me subo a mi barca, salgo a pescar, faeno durante cuatro horas y a las dos estoy de vuelta. Con lo que obtengo en esas cuatro horas tengo suficiente para que vivamos mi familia y yo, sin holguras, pero felizmente. Luego voy a casa, como tranquilamente, hago la siesta, voy a recoger a los niños al colegio con mi mujer, paseamos y conversamos con los amigos, volvemos a casa, cenamos y nos metemos en la cama felices.

El ejecutivo intervino una y otra vez, proponiéndole al pescador que invirtiera más tiempo, para ganar más dinero, y comprar nuevos materiales que le permitieran, en un horario de 8 de la mañana a 10 de la noche, lograr una pequeña flota de barcos, con pescadores a quienes él debería dirigir, para convertirse así, en un hombre exitoso y rico como él.

El pescador, sin comprender el sentido de lo que aquel hombre estaba diciendo, después de escucharlo planificarle su vida por los próximos 20 ó 30 años de trabajo, una vez más, preguntó “¿y eso, para qué?” y el exitoso ejecutivo, desconcertado por la pregunta, respondió:

¡Cómo se nota que usted no tiene visión empresarial ni estratégica ni nada de nada! ¿No se da cuenta de que con todos esos barcos tendría suficiente patrimonio y tranquilidad económica como para levantarse tranquilamente por la mañana a eso de las nueve, desayunar con su mujer e hijos, llevarlos al colegio, salir a pescar por placer a eso de las diez y sólo durante cuatro horas, volver a comer a casa, hacer la siesta, recoger a los niños al colegio con su mujer, pasear y conversar con los amigos, volver a casa, cenar y luego meterse todos felices en la cama?

Mientras el ejecutivo necesitaba tener una vida de esfuerzos e inversiones para, al final, disfrutar de ciertos momentos de gozo, el pescador disfrutaba su barca, su familia y su tiempo, haciendo lo que necesitaba para vivir feliz.

Esta ecuación no falla: mientras más nos dediquemos a aquello que realmente nos identifica, más orgullosos estaremos de nuestros logros, porque no implicarían solamente una forma de ganar dinero para obtener ciertas comodidades y bienes materiales, sino disfrutar cada día, cada hora, cada papel escrito, cada pescado, cada salida a la mar.

La propuesta de hoy es se dé cuenta de los sacrificios que cree que debe hacer y los beneficios que obtiene a través de ellos. Pregúntese: ¿Valen la pena? ¿Es esto lo que me hace feliz? Quizás la felicidad no está en lo que vamos a lograr viviendo una vida sacrificada para llegar a un día determinado en que lograremos todo aquello que hemos pospuesto, sino en disfrutar cada día lo que hacemos, y para eso, hay que ser la persona que queremos y necesitamos ser para ser felices. A lo mejor una pura red nos alcanza para conquistar la felicidad.

viernes, 19 de octubre de 2007

¿Qué pasa cuando la vida dice “no”?: Cada loco con su tema

Por la Doctora Violeta:


Desde pequeños aprendemos cómo pedir las cosas que queremos y cómo reaccionar cuándo no las obtenemos. Unos niños aprenden a lograrlas con demostraciones de cariño (es el típico “querendón” que atrapa a su madre por el cuello y se la come a besos y no se detiene hasta que su madre accede a las demandas del hijo), otros con pataletas, y otros simplemente pidiéndolas.

Cada uno de nosotros aprende un patrón de conducta que pone a funcionar cada vez que necesita o quiere que algo suceda. Si ese patrón de conducta es asertivo, por lo general obtendremos lo que buscamos, pero si ese patrón está errado y no es funcional, sentiremos que muchas veces las cosas no salen como uno las desea. Claro, hay cosas que no dependen de nosotros, y hay otras que sí.

Sea cual sea la causa, cuando no obtenemos lo que esperamos, generalmente sentimos algo llamado “frustración”. Uy! Hasta la palabra es fea, eh? Claro, porque a nadie le gusta que se le frustren sus expectativas, y por lo general, es rico poder hacer lo que nos dé la real gana. Sin embargo, no siempre las cosas salen así, y la intensidad con que nos frustramos depende también de si tenemos una alta o baja tolerancia a la frustración.

La persona con alta tolerancia a la frustración es la típica que en medio de un desastre de magnitudes apoteósicas dice: “bueno, otra vez será”, sale andando y trata de arreglar las cosas hasta donde puede. Se siente mal, se desanima, pero no se queda “pegado” con las cosas que le pasan, sino que trata de hacer lo que en sus manos quedó después de que las cosas no salieron como él esperaba. Piensa calmadamente cómo arreglar la situación, y por lo general obtiene buenos resultados, al permanecer en calma y “pensar en frío”.

En el polo opuesto se encuentra el total frustrado, que se “ahoga en un vaso de agua”, y que se incomoda tanto cuando las cosas no le salen como esperaba, que crea otro problema sólo con su incomodidad y su desánimo. Entonces, en una situación difícil, este personaje tiene dos problemas en vez de uno: la situación difícil que no resultó como esperaba, y su malestar, que no le deja pensar con claridad y tomar decisiones acertadas.

Vale decir que las personas no nos dividimos en estos dos bandos, sino que por decirlo de alguna manera nos “organizamos” en un continuo, donde unos están más cerca de un polo y otros de otro.

Ahora bien, ustedes dirán “bueno, pero no es fácil cuando las cosas salen mal”, y es que depende de la dificultad de la situación que se nos ponga delante: no es lo mismo que se nos quiebre una uña, que llegar a la casa y encontrar que nos robaron; (aunque si eres la típica mina estereotipada que se preocupa más de sus uñas que de otras cosas, una uña quebrada puede ser un real desastre!)… todo depende de cómo valoremos las situaciones a las que nos enfrentamos. Y todo depende también de las expectativas que nos hagamos, pues mientras más realistas estas sean, más tolerancia a la frustración podremos desarrollar: no es lo mismo desear que el metro esté vacío a las 3 de la tarde, que a las 9 de la mañana! También hay que ser realista y saber qué esperar.

Mi recomendación es que cuando aparezcan los problemas se pregunten, de eso que les está pasando qué pueden arreglar y qué no. Lo que puedan arreglar, “pongan manos a la obra”, como se dice, y no pierdan tiempo; pero lo que está fuera de su alcance déjenlo allí, y traten de caminar con lo que les quede.

Les tengo dos refranes para terminar mi comentario:

1. Si la vida te da limones, haz una limonada.
2. Si tiene solución, ¿para qué te preocupas?, y si no tiene solución, ¿para qué te preocupas?

viernes, 21 de septiembre de 2007

A tono con el tema de conversación de esta semana: Cada loco con su tema. Perdón, cada loca...

IMPORTANTE: En la foto aparece la autora del texto, NO es Transexual. Nunca está demás la aclaración, aunque a decir verdad a ella bien poco le importaría lo que piense la gente. IDOLA. TE QUEREMOS. ESTUPENDA...

En esta emisión del sábado 22 de septiembre, cuando hablaremos deNovela Gay, con el periodista Rodrigo M. Opazo, nuestra psicóloga, la doctora Violeta, propone un tema a tono con la conversación: Los Transexuales. Aquí va el texto.

Por: Dra. Violeta.

Los Transexuales

Existen muchas personas cuya “clasificación” –por así decirlo- las incluye dentro de los tipos de personas más marginados, rechazados y evitados entre los seres humanos. Este es el caso de las mujeres en unas culturas, de los negros en otras, de los discapacitados, de los extranjeros a veces, de los homosexuales, de los viejos, de los latinos… y de los transexuales; y como para discriminar no hacen falta muchos factores, sino que lo único imprescindible es un criterio de clasificación y una mentecita un poco cerrada, -pues con eso ya es suficiente- lamentablemente la mayoría de nosotros discrimina a alguien por algo (conscientemente o no).

Hoy vamos a hablar de uno de los grupos más discriminados que existe, intentando conocerlos no sólo como “casos de estudio” sino también como personas. Conozcamos a los transexuales cuyo “pecado capital” es ser por fuera quienes no son por dentro.

¿Quién es un transexual? Un transexual es una persona cuya identificación sexual se ha desarrollado con un sexo, pero su cuerpo, dígase sus genitales y características fenotípicas, corresponden a una persona del sexo contrario a aquel con el cual se identifican sexualmente. En otras palabras: una mujer que se siente hombre o un hombre que se siente mujer. ¿Alguna vez le ha pasado eso de sentirse quien usted en realidad, no es? No debe ser agradable. Suena a que es un poco confuso.

¿Qué se hace con los transexuales? Bueno, en la actualidad se les discrimina, se les juzga, no se les entiende, pero también se les trata en terapia, se les hacen operaciones de cambio de sexo, y se habla de ellos en programas de radio. Muchos de ellos tienen una mamá que los quiere, un sobrino que les pide dulces y una pareja que los ama. Otros no. Otros tienen problemas grandes que los llevan al psiquiatra, o los echan de sus trabajos, o toman micros muy temprano y el metro muy lleno de gente. Mmmm. Se parecen un poco al resto de la gente, ¿no?

Hay personas diabéticas que viven pendientes diariamente de sus inyecciones de insulina. Hay gente deprimida que todo el día piensa en morir. Los bipolares tienen que tomar de por vida una pastilla que los mantenga estables. Los “supuestamente sanos” lloran, ríen, corren, se duchan, comen, hacen aseo, tienen sexo, ven tele, se deprimen, pueden ser diabéticos y discriminan. ¿Cuán distintos son los transexuales de otras personas que tienen una enfermedad, y que no son discriminados por ella? ¿Cuán distintos son de una anoréxica que piensa todo el día que no quiere ser lo que es? ¿Cuán distintos son de nosotros? Quizás lo peor que les pasó no fue haber nacido en un cuerpo que no corresponde con su identificación sexual, quizás lo que más daño les hace somos nosotros mismos, prejuzgándolos, y dejándoles sólo la opción de una vida de prostitución y vicios, que no es más que el resultado de vivir marginados. Quizás si a los diabéticos se les prohibiera andar con insulina en la calle, o tener hipoglicemia en público, o inyectarse en horario laboral, fueran tan marginados como los transexuales y se dedicaran al mismo trabajo nocturno que ellos. Quizás si mi abuela tuviera manubrio fuera una bicicleta, pero como no lo tiene, la quiero como abuela, no como medio de transporte. A lo mejor la vida nos cambia un poco si empezamos a aceptar a las abuelas y a las bicicletas por lo que son, no por lo que alguien alguna vez dijo que deberían ser.


viernes, 17 de agosto de 2007

Comentario de la Doctora Violeta, sábado 18 de agosto de 2007
Bueno, bueno, después de un tiempo de ausencia, aquí estoy de nuevo, y con mucho gusto para compartir con ustedes todo el conocimiento al que podamos acceder acerca de Psicología, así como algunas opiniones.

Una vez leí en una publicación de The Clinic un artículo de Claudio Bertoni, se llamaba “Muros”, lo encontré muy bueno y me gustaría citar una de sus frases: “Sólo nos está permitido vivir normal y buenamente porque no sentimos con "toda el alma", prácticamente nada. Excepto a fogonazos.” Surge la pregunta: ¿Qué pasa cuando sentimos mucho las cosas que nos pasan? ¿Qué pasa cuando las cosas que nos pasan son tan fuertes que resulta imposible no sentirlas “con toda el alma”?

Es sabido que no todos sentimos las cosas que nos pasan igual que el resto de los seres humanos, porque cada uno de nosotros tiene una historia, una forma de ver el mundo y de verse a sí mismo que regula de alguna manera dónde, cómo y cuándo sentimos lo que sentimos. Sin embargo, hay eventos a los que la mayoría de los mortales no somos inmunes, que son calificados por todos como tan trágicos, que si nos preguntaran qué pasaría con nosotros si los viviésemos, la mayoría afirmaría que quedaría marcado para toda la vida.

Ese es el caso de los accidentes, los huracanes, los terremotos, las guerras, los asesinatos, las violaciones, la tortura, etc… que es lo que pasa, por ejemplo, con las víctimas del reciente y lamentable terremoto en Perú. Ahora bien, la experiencia vivida por cada persona puede ser muy diversa, así como la interpretación que cada uno de nosotros haga de ella. La mayoría de nosotros cuando calificamos un evento como “altamente traumático” coincidimos en la descripción del mismo, sin embargo, quien “mide” la intensidad del evento es quien lo experimenta, quien lo vive.

Es muy común entre las víctimas de experiencias de este tipo tener pesadillas, sentirse mal cuando recuerdan el suceso, incluso tener alucinaciones, tratar de no hablar mucho con la familia o los amigos, evadir a la gente o a los lugares que les recuerdan lo que vivieron, además perder la memoria en relación al hecho, tener sensaciones de entumecimiento, sufrir problemas gastrointestinales, tener problemas de sueño, andar de mal humor, irritable, tener dificultad para concentrarse, y asustarse con facilidad. Todos estos son los síntomas del “Trastorno por estrés postraumático”, que es una patología psiquiátrica no previsible, pero de la cual podríamos protegernos.

Entonces, hay algunas prácticas cotidianas que en general nos ayudan a permanecer sanos, y que además pudieran prevenir la aparición del trastorno en caso de vivir una situación extremadamente estresante: en general se trata de mantenerse equilibrado, tranquilo y sin estrés continuo; no permitir que los problemas pasen a ser graves si los podemos solucionar y mantener relaciones con amigos y familiares que nos acompañen en la vida.

Así que ya sabe: ándese con cautela, sea feliz y preocúpese por cuidar de sí mismo… las cosas malas también suceden y deberíamos estar preparados para ellas. Mientras tanto, trate de no sentir todo lo que le pasa con toda el alma, pero aproveche los “fogonazos”, y aprenda de ellos, conózcase a través de ellos… ellos le recuerdan que usted está vivo…

miércoles, 23 de mayo de 2007

Cada loco con su tema: Freud, su enamorada y la cocaína

Comentario Transmitido en Décimo Planeta, por Radio Tierra, el sábado 19 de mayo.

Por: Violeta González

¿Quién no conoce a Sigmund Freud, el Padre de la Psicología? Para muchos es el ícono del triunfo y surgimiento de la Psicología, y para otros, es justamente un símbolo de decadencia y poca seriedad de la ciencia psicológica. Yo les voy a dar unos datos, para que vean que "en casa del herrero cuchillo de palo" y para que concluyan si se gana ser el loco de esta semana, eso sí, el genial loco de la semana.

Para que conozcan un poco acerca del tema, antes de entrar en detalles, les cuento que Freud fue el creador del Psicoanálisis, corriente aún vigente en la Psicología que postula que los seres humanos nos movemos en la vida principalmente por instintos y pulsiones internas contenidas en el inconsciente. Ha sido muy criticado por hallar fundamento a la conducta humana en el ámbito sexual y fue precursor de la hipnosis, de la asociación libre y de la interpretación de los sueños. Vivió en la Viena del siglo XIX, y al hablar acerca de causas sexuales de la conducta fue tratado como genio por unos, como loco por otros y como hereje por otros tantos.

Era hijo de una pareja que se llevaba nada más y nada menos que 20 años de edad, fue su primogénito, aunque tenía hermanastros por parte del padre. Era judío pero no religioso, aunque negaba profundamente el antisemitismo. Era extremadamente autocrítico, muy autoexigente y tenía rasgos obsesivos, sin embargo, era inmune a la crítica externa si creía que estaba en lo cierto. Era una persona muy culposa, se dice que probablemente por la muerte de Julius, el hermano que nació después de él, que murió a los 8 meses.

Freud estudió Medicina, porque los judíos eran aceptados en la Universidad de Viena sólo para esa carrera y para Leyes. Tuvo que terminar la universidad con dinero prestado por su benefactor, quien tuvo ese gesto con Freud dado su talento, que se desperdiciaría si no terminaba de estudiar. Al estar finalizando la universidad conoce a Martha, con quien pololea por más de 3 años, pero... ¡por cartas! Le escribía 3 veces al día, hasta que después se casaron en 1886.

En 1900 fue designado profesor en la Universidad de Viena y comenzó a incorporar a nuevas personas al movimiento psicoanalítico, sin embargo, tenía poca tolerancia hacia los colegas que disentían de sus doctrinas teóricas, y algunos se separaron de Freud; uno de los ejemplos más conocidos es el de Jung, o sea, que no era ni muy tolerante a la crítica ni muy bueno en las relaciones interpersonales.

Freud realizó pruebas consigo mismo como parte de una investigación que estaba realizando, y es así como toma cocaína por primera vez. 10 años después aún la consumía en dosis de laboratorio, pues en ese tiempo se le consideraba una droga mágica que curaba la mente y el cuerpo. Es así como Freud escribe Über Coca, y sus Escritos sobre la cocaína, donde comenta los 6 campos donde se podría usar la droga: 1) como estimulante, 2) para trastornos gástricos, 3) para la caquexia (pérdida de fuerzas y reservas alimenticias), 4) para curar a morfinómanos y alcohólicos, 5) en aplicaciones locales, y 6) como afrodisiaco.

Al respecto, en una carta a Martha Bernays, su novia, le dice que ha curado varias de estas afecciones, y que la está usando en el tratamiento de la adicción a la morfina, incluso atiende un caso de éstos, pero lamentablemente su paciente, Fleischl, muere de una sobredosis de cocaína. Escuchen este pasaje de una carta a su prometida, cuando se enteró de que tenía mal aspecto y estaba muy delgada: "hay de ti mi princesa, cuando yo llegue, te besaré hasta ponerte colorada y te voy a alimentar hasta que te pongas bien gordita, y verás quién es más fuerte, si una gentil niña que no come bastante o un salvaje hombrón que tiene cocaína en el cuerpo".

En 1882, como parte de una investigación de la coca como anestésico local, Freud trabaja con Karl Koller en los laboratorios vieneses del doctor Stricker, iba por muy buen camino pero su novia, que residía en Hamburgo, le pidió que lo fuera a ver, y Freud encargó a un colega que continuara sus trabajos, y éste a su vez, se remitió al doctor Koller para terminar los experimentos. Koller logró utilizar la cocaína como anestésico local y resumió su descubrimiento en una comunicación a la Sociedad Oftalmológica de Alemania. Así que Freud pudo haber sido el descubridor de la cocaína como anestésico local, pero no lo fue por una carta de su prometida.

Freud no creía en la vida después de la muerte, en una entrevista dada a George Sylvester Viereck, periodista del "Journal of Psychology" en 1926 dijo al respecto: "Todo lo que vive perece. ¿Por qué debería el hombre constituir una excepción?"

Lamentablemente Freud enfermó de cáncer oral, tuvo 33 intervenciones quirúrgicas a partir del año 1923 y falleció en 1939 a causa de una sobredosis de morfina inyectada por un colega a petición del mismo Freud, que no podía soportar los dolores producidos por el cáncer. O sea, que además, murió en un acto de eutanasia.
"Nuestro vino es amargo, pero es nuestro vino" decía Martí, y Freud puede tener mil historias, unas más contables que otras, (de hecho, dicen que por revelar secretos fue castigado con su cáncer justamente en la boca) pero de lo que no cabe duda es de que fue un ser genial, muy creativo, con una confianza en sí mismo increíble, porque la verdad es que para defender en un ambiente como el de la Universidad de Viena en el siglo XIX su teoría sexual del ser humano, había que ser... ¡un loco!


martes, 8 de mayo de 2007

La doctora Violeta: ¿estudiantes vs profesores?

Comentario transmitido en Décimo Planeta, por la Doctora Violeta, el sábado 28 de abril de 2007.


Seamos buenos locos

Al ingresar a la educación de pregrado, a la mayoría de los estudiantes se les advierte acerca de la diferencia entre la educación que recibieron anteriormente y esta nueva etapa de la vida que comienzan. La mayoría de las acotaciones se refieren a la creciente dificultad de las temáticas, a la falta de pautas que guíen el estudio para los exámenes… o sea, a la autonomía que necesitarán desarrollar con la entrada a la universidad, pues esta nueva etapa sería “educación de adultos”. Sin embargo, la educación “distinta” que les auguraron no era tan diferente a la que habían recibido anteriormente, pues existen varios factores que se mantienen invariables desde hace muchísimos años. Pero primero que todo conozcamos a los personajes principales de esta historia:

Los estudiantes

Los estudiantes, en su gran mayoría, son aquellas personas que llegan a una sala de clases sin saber los temas que se tratarán en la asignatura y esperan la aparición de otra persona que tiene más conocimiento que ellos y que se los va a transmitir. Ellos tienen la responsabilidad de estudiar, para que esos conocimientos formen parte de sus haberes académicos. Los estudiantes, por lo general, no son profesionales en formación, se convierten en profesionales un día en que alguien, que también tiene más conocimiento que ellos, les da un título universitario. Ellos no guían el proceso de su aprendizaje, ni son un agente activo en él, sólo reciben la información que deben manejar, y esperan poder demostrar en los momentos designados para esto que memorizaron adecuadamente el contenido que les expuso su profesor. Se echa de menos un cambio de concepción en los roles: que un estudiante no sea sólo el que estudia y que un profesor no sea sólo el que enseña, se impone el compartir esos roles, el desempeñar las acciones necesarias para que ambos agentes se activen y generen conocimiento: para sí mismos, para los otros, y para la comunidad académica en general; es por esto que ser un profesional en formación debería implicar ser más que estudiante, y más que profesor, debería significar ser ambos, compartir los roles, sentirse ambos un tanto aprendices y un tanto expertos no sólo en teoría, sino en la práctica profesional y académica.

Los profesores

Profesor: persona mayor que los estudiantes que tiene conocimientos que le transmite a los alumnos. Posee una fuerte concepción de que sus pupilos no manejan los temas que él va a tratar en clase. Antónimo de profesional que colabora con otros que se están formando y que en el espacio de la sala de clases conforman un ambiente colaborativo de co-construcción de conocimientos.

Según esta definición, la cual es lamentablemente vigente, se menosprecia el valor de los estudiantes, pero también de los profesores, así como sus capacidades de agencia: un maestro puede ser mucho más que un transmisor de conocimientos, pudiera dejar de significar omnisapiencia para representar potenciación (propia y de otros). Visto de esta manera, el profesor no sólo será un receptáculo de conocimiento, sino además un generador del ambiente y de la posibilidad para la creación del mismo, no sólo en su quehacer, sino en el de sus discípulos. Entonces, si el estudiante debería desempeñarse como profesional en formación, quizás el profesor debería actuar como profesional en desarrollo. Los profesores también están necesitando reivindicación, están necesitando cierta “liberación”, que además, les permita interactuar de una forma más equilibrada con sus estudiantes, de una manera en la que si se acercan afectivamente, no necesariamente se alejen académicamente, pues estos aspectos no tienen por qué significar polaridades.

Esta historia termina en que la mayoría de los profesionales comenta que se siente “desnudo” al salir de la universidad, pues durante muchos años fueron preparados para ser alumnos, en el mejor de los casos buenos alumnos, pero no para ser profesionales.

El rol profesional no “aparece” de improviso al ingresar a la universidad, sino que es un proceso gradual, influido por múltiples agentes y que, además, viene formándose desde la enseñanza básica.

Tanto el profesor como el profesional en formación tienen experiencia previa en el sistema educacional, o sea, el profesional en formación no llega a la sala de clases sin conocimientos, con el propósito de que “le enseñen” lo que la directiva de la institución educacional considera que él debería saber. Estas actitudes afianzan el rol pasivo de los estudiantes y la invalidación de grupo que componen.

Seamos realistas: estamos necesitando una transformación, pero ésta no se conquista con la facilidad con que se cambia de “etiqueta” al recibir un título universitario, ya que implica un cambio de concepciones muy fuerte, sin embargo, les propongo que seamos todos unos buenos locos esta semana, en el mejor sentido de la palabra, les propongo que pensemos cosas locas, si estar loco es estar fuera de lo normal… cosas como que un profesor y un profesional en formación pudieran construir juntos el conocimiento. ¿Qué les parece?

viernes, 27 de abril de 2007

Cada loco con su tema: los padres.

Por: Violeta González,

la doctora de Décimo Planeta
Comentario emitido en la emsión del sábado 21 de abril de 2007.

Ando en un viaje donde me he podido dar cuenta de que “todo lo que parece no es”.

¿Cuántas veces ha pensado en la cantidad de personas posiblemente enfermas que circulan por las vías de nuestra ciudad? Uno se pregunta: ¿Siempre estuvieron enfermas? ¿Cómo se enfermaron? ¿Cómo eran cuando niños?

Si es cierto que la mayoría de las cicatrices que nos llevan al psicólogo en la adultez, son la huella de heridas de la infancia. ¿Cuánto cuidamos a nuestros niños? ¿Cuánto los protegemos de esas heridas que perduran como cicatrices?


Hoy quisiera hablar de las heridas provocadas por quienes deberían ayudar a curarlas y a evitar que se forme una cicatriz: los profesionales de la salud mental. Este es un tema especialmente relevante, si consideramos que un diagnóstico errado, habitualmente conduce a un tratamiento mal formulado, y por lo general los tratamientos en la actualidad implican determinado cambio en la conducta en los padres, profesores, y en todas las personas que rodean al niño, o más grave, la toma de medicamentos, o lo que es peor, el estigma de ser un “niño con problemas”.

Perdonando la comparación, es como si usted llevara a su hijo al doctor porque le duele el estómago y le dieran un laxante. Como consecuencia, ya no le dolerá el estómago, pero es probable que después para lo que tenga dificultad sea para salir de la casa, ¿no? O sea, que este fue el típico caso en que el remedio fue peor que la enfermedad, pero no por la enfermedad misma, ni por el remedio, sino por el profesional –no tan profesional- que los vinculó de la manera equivocada.


El mensaje de hoy es bien fuerte y claro: no todas las conductas poco comunes en la infancia son enfermedades. No todos los niños intranquilos tienen déficit atencional. No todos los niños “difíciles” tienen problemas de conducta. No todos los niños que lloran mucho lo hacen por infelicidad. No todos los neurólogos, psicólogos y psiquiatras logran entender lo que le sucede a su hijo. Busque ayuda calificada, consulte a varios profesionales, use servicios interdisciplinarios, trate de comprender lo que le pasa a su chico. Es de la salud mental de un niño de lo que estamos hablando, es de un posible adulto sano de lo que se trata esto. Si quiere, véalo como una inversión a futuro, no sólo para el de su crío, sino para el suyo también… o ¿quién quiere un hijo loco?

Preocúpese, ocúpese; un niño es una responsabilidad, sea competente, hágalo por amor, o por deber, o por su futuro, pero hágalo. Recuerde que por cada niño es necesario un adulto (como mínimo) que lo represente y vele por él.


El loco de la semana es el padre o la madre que no se preocupa de sus hijos y es indiferente a sus logros y fracasos. El loco de la semana es el padre o la madre que deja en manos de un profesional de dudosa competencia el bienestar de sus hijos. El loco de la semana es el que cobra por empeorar el síntoma, y medica por teléfono, y recomienda tratamiento a un paciente invisible. No sea usted. No deje que ése sea su tema.

lunes, 16 de abril de 2007

Cada loco con su tema: Violet


Por: La Dra. Violeta González

Alias, Violet.


Transmitido en Décimo Planeta

(12/04/2007)

Dicen que todos los días sale un loco a la calle. Digamos que todas las semanas sale uno más loco que los demás. Ese es nuestro loco, el de la semana, al que miraremos con la lupa de la Psicología, para ver de cerca cuán loco está.
Yo diría que lo mejor es comenzar por casa, así además me libro de que digan “¿Y ella se cree muy sana?”, ¡no señor, aquí no hay nadie sano! así que hoy la lupa cae sobre mi cabeza y mira adentro. Hoy, en el Loco de la Semana, Violeta González.

Los hechos:

Es cubana, estudia Psicología, desde el 2000 intenta graduarse, parece que lo logrará en el 2008, y después de 8 años de estudio será apenas… Licenciada, en ese tiempo cualquier persona normal hubiera hecho, como mínimo, una carrera y un par de cursitos. Habla de locos en un programa de radio, y no le gusta su voz. Preferiría no leer lo que escribe, pero si habla no termina nunca, incluso esta semana le dijeron que habla hasta por los codos… También le dijeron que tiene problemas con las filas, donde encuentra que hay demasiada gente se siente encerrada.

Los síntomas:

Se pudiera decir que es un poco obsesiva, pues –cito al DSM IV, que es el manual de Diagnóstico de las Enfermedades Psicológicas- tiene una preocupación por el orden, el perfeccionismo y el control mental e interpersonal.
Además pudiéramos decir que es histriónica ¡pero no histérica!, o sea, que actúa en búsqueda de atención, (si no, no estuviera en un programa de radio), o sea le gusta que la atiendan, pero no llega a hacer escenas ni dramas sólo para que la miren.
Un poco agorafóbica también, pues evita estar en situaciones donde hay mucha gente, por eso no le gustan las filas y no podría viajar en el Transantiago en hora pik. Ni-jugando.

El tratamiento:

A pesar de todo, la aceptaron en la carrera de Psicología en dos universidades distintas, en dos países distintos, en dos momentos de su vida distintos, así que pasó la prueba de la normalidad mínima indispensable dos veces; por otra parte tiene amigos, se mueve en ambientes sociales de manera satisfactoria, y ha vivido 24 años sin tener ni un solo –fíjense- ni un solo tratamiento psiquiátrico.
Al parecer, lo que sea que esté haciendo, hasta ahora ha dado resultado, así que debería seguir en la misma línea. Tal parece que no toda la gente con síntomas de locura están locos, o unos locos lo están más que otros, ¿o será que a los más locos es a los que se les nota? Muchos dicen que vivimos en un mundo loco, ¡y parece que no es mentira!

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